miércoles, 9 de julio de 2014

Inerion4


Capítulo cuarto
¡Yuchiko en apuros!


Después de llegar a los llanos y mirar las bicis aparcadas enfrente del campo de fútbol supuse que no estaba aquí, miré atrás y…
- Yuchiko nos… ¿Yuchiko, ¡Yuchiko!?- grité desesperado.
Busqué por detrás de una casa pero no la encontré, me temía lo peor, con lo guapa que era seguro que la panda de Jesulito (el tío más despiadado de la algaida y de los llanos juntos) la abría secuestrado o… algo peor… ¡VIOLADO!, me enfurecí tanto de solo pensarlo que me fui dirección a casa de Jesulito.
Pensé en las “perrerías” que le irían a hacer a Yuchiko si yo no llegaba a tiempo y en ese mismo 
instante mi adrenalina empezó a subir y empecé a pedalear muchísimo más rápido de como lo había hecho nunca y en un “plís plás” llegué a la choza de Jesulito.
Me asomé cuidadosamente desde mi bicicleta pero solo veía a unos cuantos niños con tubos de hierro, eran las 18:30 de la tarde.
Mientras intentaba buscar un escondrijo para rescatarla me encontré con… ¡Jesulito!
- ¿vienes a por ella?- me preguntó chuleándose
- ¡dónde está!- grité
- pues  para que te enteres, he engendrado un hijo en ella
- ¡¿QUÉ?!- me volvió a subir la adrenalina y fui directo hacia él.
 Intenté tirarlo al suelo de un puñetazo pero no tuve tanta fuerza y me devolvió el golpe
- tú a mí no me ganas- me dijo preparándose para pelear  
- ghrrrrr…
- ¡traed a la chica!- gritó mientras alargaba el brazo hacia arriba.
Después de unos segundos, uno de sus secuaces trajo a Yuchiko atada de brazos, pero me tranquilicé cuando la vi vestida, lo único que el pañuelo que siempre tenía puesto en la cabeza lo tenía atado en la boca…
-Yuchiko, ¿verdad que tienes un hijo mío?
- umhm… - negó Yuchiko con la cabeza.
Y en ese mismo instante Jesulito le pegó una bofetada a Yuchiko y mi adrenalina sobrepasó los límites…
- ¡te mataré!- dije mientras corría hacia él.
Le pegué un buen puñetazo por la nariz y le hice sangrar, y entonces me golpeó tres veces antes de que yo pudiera reaccionar y caí al suelo dolorido, en ese mismo instante se puso a pegarme patadas por las costillas y después de unos 7 o 10 minutos golpeándome me dijo cansado:
- bien, ya estoy de buen humor, aquí te dejo a tu chica pero quiero que sepas que no la he tocado ni he engendrado nada- y se fue.
Con mis últimas fuerzas fui arrastrándome hasta llegar a donde se encontraba ella, la miré y observé que estaba llorando y tenía la cara colorada, la desaté y me desmayé.
Cuando me desperté Yuchiko me estaba abrazando y llorando diciendo mí nombre una y otra vez y contesté:
- ¿es… tas bien, Yuchiko?
Al escucharme, Yuchiko me volvió a abrazar todavía más fuerte. Después de que me situara y recobrara toda mi energía…
- Alberto, estamos en una chatarrería- me dijo Yuchiko mientras se secaba las lágrimas
- ¿Qué hora es?
- las 1:00 más o menos- contestó contemplando la luna llena.
Cuando ya me pude levantar Yuchiko y yo buscamos un coche en el cual pudiéramos pasar la noche, intentamos entrar en un “opel astra” pero estaba lleno de telarañas, buscamos otro que sí era bueno para pasar la noche, nos sentamos en el sillón de detrás y empezamos a mirar la luna pensativos.
Después de un rato en silencio miré a mi lado y Yuchiko se había quedado dormida. La contemplé,
 tenía una mirada tan dulce, que por un instante me entró ganas de besarla pero me contuve, no quería fastidiar su amistad, y así que me volví y de repente vi unas sombras entre la oscuridad, me agaché y desperté a Yuchiko con cuidado de no llamar mucho la atención y entonces…
- ¿qué pasa Alberto?- me dijo adormecida
- creo que nos persigue Jesulito y su pandilla
- ¡¿QUÉEE?!
- no grites Yuchiko- le susurré al oído mientras le tapaba la boca con la mano.
En ese mismo instante las sombras se pararon frente a la entrada de la chatarrería y por lo que pude observar eran unos siete, de sus bolsillos sacaron unas linternas y alumbraron los coches uno por uno;
 no me equivocaba, era Jesulito y sus secuaces.
- ¿qué vamos hacer?- me dijo Yuchiko preocupada
- tranquila
- pero…
- tú quédate aquí y no salgas por ninguna razón, ¿has entendido, Yuchiko?
- sí.
Tras esa respuesta salí del coche en silencio y me oculté en la oscuridad.

Inerion3


Capítulo tercero
Yuchiko empieza a conocer la Algaida


Esa noche no pude dormir, estaba tan nervioso que no podía dejar de pensar en Yuchiko, yo quería conocerla y hacerme amigo suyo, pero no sabía como presentarme y que decirle.
Acostado en mi cama me puse a pensar en ella, como mirarla como  hablarle, si con “cachondeo” o con seriedad, después de un rato me dormí.
A las 11:00 de la mañana me desperté, me levanté y cuando iba a pasar por la puerta me choqué con….  .¡Yuchiko!
- perdón, uhmm… ¿te encuentras bien?- me dijo con una sonrisa
- u… a… h…- no tenía palabras para hablarle
- oye, eres Alberto, ¿verdad?
- pues… pues, si… estooo, ¿Qué haces aquí?- contesté rascándome la cabeza
- vengo porque estaba aburridísima en casa de mi tía y… he venido a conocer a mi nuevo vecino
- ¿desde cuando estas aquí?- contesté con curiosidad
- desde las 9:00 más o menos- me dijo con una gran sonrisa
- ¡¿QUEEE HAAAS DICHOOOO?!- empecé a sudar como nunca lo había hecho y en ese mismo momento entró mi madre y me dijo…
- Yuchiko ha estado ayudándome toda la mañana y encima ha cuidado de tu hermano
-buenoooo… tampoco es… para tanto- contestó Yuchiko sonrojada.
En ese mismo instante mi hermano apareció detrás de mi madre y me dijo:
- JE JE, ya es mía, ¡y solo mía!
Y salí corriendo detrás de él para pegarle un buen coscorrón
- estos hombres- le dijo mi madre a Yuchiko
- je je je- sonrió Yuchiko
Después de correr detrás de mi hermano me acordé de que tenía que ir a casa de Iván, frené, cogí mi baraja de YU-GI-OH, abrí la puerta y…
- ¡a dónde crees que vas!- gritó mi madre
-a… a casa de Iván
- ¿sin... desayunar?- dijo Yuchiko con la cabeza agachada
- estooo… es que voy a llegar tarde- conteste en el momento que me rugieron las tripas
- je, me parece que tus tripas quieren esperar- dijo Yuchiko.
Yo me fui al salón miré atrás y vi a Yuchiko y le dije…
- siéntate, como si el sofá fuera mío- no pude sostener una carcajada- JA JA JA JA.
Yuchiko se sentó en el sofá que estaba enfrente del televisor y yo el que estaba a la derecha doblado, los dos 
sofás hacían una “L”.
Encendí el televisor y puse el canal 2 Andalucía y estaba emitiendo Inu-Yasha y dijo Yuchiko sobresaltada…
- ¡no cambies “porfa”!- dijo entusiasmada
- ¿te gusta esta serie?- dije
- a mi si, ¿y a ti?
- pues claro
- ¿por qué capítulo va?
- por el ciento y pico, mas o menos.
En unos 30 segundos mi madre puso en la mesa dos vasos de leche con colacao
- ¿también hay para mí?- dijo Yuchiko
- pues claro, por haberme ayudado toda la mañana- contestó mi madre.
Yo me la bebí antes que ella, me fui al servicio corriendo, salí, volvía coger mi baraja de cartas y en el momento de salir por la puerta me dice Yuchiko:
- ¿puedo ir contigo?
- no se yo…- dije volviéndome a rascar la cabeza
- venga porfaaa, ¡es que quiero conocer el pueblo!- me dijo
- ¡si es para conocer la ciudad, entonces puedes venir conmigo!- dije con aires de líder
-¡¡¡BIEN!!!
Cogí la MONTY de mi primo Jorge (vive justo a la derecha de mi casa), monté y le dije a Yuchiko:
- monta en los pasapies
- si, señor- dijo haciendo un saludo militar
- ¡ADELANTE!- contesté levantado la mano.
Y nos fuimos directos a casa de Iván. Y  mientras, por el camino…
- oye, ¿tienes muchos amigos?- me dijo Yuchiko con algo de curiosidad
- dos, Iván y Manolo
- Manolo, ¿me recuerda a algo o… a alguien, pero?… no sé- se dijo a sí misma pensativa
- Yuchiko… estooo… ¿de donde vienes?
- de Madrid
- de capital, ¿eh?, ¿Cuánto tiempo te quedaras en la Colonia?
- hasta año nuevo, cosa así.
En ese momento no tuve mas ganas de hablar, ni de sonreír ni nada por el  estilo. Al escuchar que solo se iba a quedar un par de días se me quitó las ganas de jugar. Ya me estaba acercando al colegio y de repente salió 
Manolo como una gran bestia dominante y saltó sobre mí, en ese mismo instante tuve que maniobrar hacia la izquierda metiéndome en el carril contrario cuando…
- ¡CUIDADO CON ESE COCHE!- me gritó Yuchiko al oído
- ¡mierda!- grité mientras intentaba sobrevivir pero por suerte pude subirme por la acera y continuar a toda velocidad
- ¡quien era ese!- me dijo Yuchiko asustada
- ese, ese, ¡ESE ERA MANOLO!
- ¿y ese es tu amigo?
- si, pero no es mala gente en el fondo
- tendrá que ser muy al fondo
- no lo sabes bien, JA JA JA- dije con una sonrisa y continué.
Después de un rato pensé que a lo mejor podría  hacer buenas migas con ella, aunque tuviera solo un par de días.
- oye Yuchiko, ¿Por qué has venido a la Colonia?
- para visitar a mi tía Mercedes
- ¿nacin deró?
- ¿eh?- dijo Yuchiko con algo de duda
- je, ¿nada más?- traducí
- ¡ah!, nacin-dijo copiando mi inglés.
Pero no me quedé satisfecho, algo me corroía por dentro como si me estuviera engañando.
- ¿falta mucho?- preguntó Yuchiko
- ¡nada, ya estamos llegando, aguanta!- contesté sonriendo
- vale.
En ese momento pude ver la calle del Iván, sólo podía pensar en la cara que se le pondría al ver a Yuchiko conmigo. Entré en la calle, aparqué en frente de su casa, me bajé y llamé a la puerta y salió su hermano Tony y
 le pregunté:
-¿está Iván?
- no, se ha ido a los llanos- contestó mientras miraba a Yuchiko
- adiós- contestamos Yuchiko y yo a la vez.
Así pues nos dirigimos a los llanos(es el nombre recibido a un gran espacio de terreno) que se situaba a un poco más adelante.

Inerion2


Capítulo segundo
Alberto contra Ganondorf


Estuvimos dando unos toques durante un buen rato hasta que Ganondorf dijo: - ¿empezamos?- yo contesté que sí con la cabeza.                                                                                                                                                           
Ganondorf dio un salto para atrás y se alejó un par de metros, yo en cambio agarré bien fuerte el mando de 
control y me puse a dar vueltas alrededor de él. Él  no se movía ni un milímetro, yo estaba sudando a chorros, empapado. Ganondorf dio una estocada y como yo tenía las manos sudosas se me resbaló el mando y me dio, de 10 corazones me quedé con 9. rápidamente cogí el mando y me fui flechado hacia él para atacarle pero me 
esquivó y me dio por la espalda y me dejó con 8 corazones y antes de caer me volví y le ataqué y le di pero solamente le acaricié la mano derecha y le quité solamente 0,5, o sea le quedaba 9,5 y en ese momento pensé 
que ya estaba acabado pero una voz me guiaba a seguir adelante y con valentía me acordé de otros jefes de mazmorras que había derrotado antes y me levanté inclinando el joystick hacia delante y cogí mi catana y de nuevo con paciencia me puse a rodear a Ganondorf. Después de un rato sin atacar, Ganondorf se puso a correr a tal velocidad que no pude evitar no perderle de vista, con miedo a que me atacara por la espalda me volví y no lo encontré, miré al suelo y vi una gran sombra detrás de mí inclinada con la catana hacia arriba para golpearme, me volví y pude pararlo y con tal golpe que una de mis catanas se me rompió y la hoja rota de mi espada salió volando por los aires, yo salté hacia atrás y cayó justo en medio de los dos cortando el enfrentamiento que estábamos teniendo, cuando miré a Ganondorf su miraba ardía en furia y odio y no pude evitar volver la cara
 hacia abajo. Ganondorf envainó sus catanas y con los puños rompió la hoja que había enterrada en el suelo en miles de trozos de hierro fino y los esparció por el aire, unos trozos sobrepasaron mi cara y perdí de vista a 
Ganon, me asusté y me puse a mover de un lado a otro el joystick amarillo que se encontraba en la parte derecha del mando de control que servía para observar lo que me rodeaba pero no veía rastro de mi rival y de repente en unos de los trozos de hierro que todavía estaba volando por el aire reflejó sobre mí el aspecto fantasmal de Ganondorf en mis espaldas y con rapidez hice un corte horizontal en él y lo tiré al suelo quitándole 1 corazón 
(le quedaba 8,5) sin levantarse pronunció estas palabras:
- muy bien hijo, aunque ya no puedo dejarme más, vas a probar la verdadera fuerza del mal ¡YAAAAHHHHH!
 De un gran y rapidísimo salto desenvainó sus catanas lo que me impidió moverme por tal espectáculo que mis ojos me mostraban, mi rival se fue directamente contra mí y me empezó a atacar tan veloz que solo podía cubrirme y a la vez, retroceder. Después de un par de minutos en el cual solo me cubría se me hicieron eternos, estuve a punto de rendirme y solté el mando por pánico sin poder hacer un mínimo movimiento, estaba
 paralizado.
Me pegó unos cuantos golpes y cuando pude reaccionar tan solo me faltaban 3 corazones para ser derrotado, cogí el mando con fuerza pero tembloroso y cuando me iba a golpear de nuevo le di una gran estocada verticalmente y mi catana se manchó de sangre negra y le quité 1 corazón (le quedaban 7,5), su brazo izquierdo se rompió y le hice una herida que le ocupaba casi todo el hombro y me dijo: - JA, UMHN…, veo que tu futuro maestro no se equivocaba ni una pizca, estás preparado para el comienzo del JUICIO FINAL.
Yo agarré bien fuerte el mando para prepararme a lo que me esperara. En ese momento solamente pensaba en la voz que me ayudó a fortalecerme, era una voz dulce y suave.
 Ganondorf tenía un aura oscura como la noche, en su espalda le empezaron a salir alas de demonio  y empezó a crecer hasta alcanzar una altura como una casa, su aspecto empezó a cambiar y convertirse en una especie de demonio con cara de lobo y con dimensiones desproporcionadas, sus catanas se derritieron con el calor fúnebre que desprendía y sus brazos y pies se convirtieron en tres largas afiladas cuchillas.

        Unas gotas de sudor me empezaron a caer de la frente y me tuve que secar con el brazo, cuando volví a 
mirar la batalla todo a mi alrededor estaba oscuro, no veía nada, ni a Ganon ni al campo de batalla.
De repente empecé a escuchar unos ruidos extraños como el de un lobo aullando bajo la luz de la luna, era una sensación que helaba los huesos, no sabía si mi maestría con el manejo del elfo Link que tras largos años de entrenamiento pasándome algunos juegos suyos iban a darme sus frutos, por bien decir, pero al pensar en
 aquellas palabras me sentía nuevo y rebosante de energía para enfrentarme a esa monstruosidad que me
 esperaba.  
Mi alma parecía que estaba en la lucha, agarré bien fuerte el mando, aunque mis manos me temblaban tanto que por poco se me resbala. Empecé a escuchar el ruido de unas pisadas enormes, el suelo no paraba de moverse y yo no podía quedarme quieto, una suave brisa me recorrió la espalda y en ese mismo momento caí. Una voz que me pareció que era de Ganondorf me dijo:
- JA, JA, JA, ME HAS DECEPCIONADO.
Después de eso me encontré en mi cama tumbado con una nota en el lado de la almohada que decía:

Dentro de unos días tendrás que superar una prueba que tú no podrás seleccionar, una prueba que solo 
habrá un camino, al final de éste encontrarás tu auténtico destino.   

Me dejó sin habla, preocupado y muerto de miedo decidí tirar aquel papel a la basura. Tras aquello mi madre apareció de repente y me pegó un susto que por poco me caigo de espaldas y me dijo:
- ¡ven, corre, ha venido esa chica nueva!
- ¿de verdad?
No me dio tiempo de terminar la frase que ya se había ido. Pensativo me fui directo hacia allí, salí de mi casa y desde la cancela miré hacia la casa de mi vecina Mercedes y allí vi a esa chica y a la hija de la Mercedes, Lidia (tiene unos 30 años) mi madre gritó para que yo me acercara y cuando llegué allí la vi, no tenía palabras, me sonrojé y la miré a los ojos.
Tenía un pañuelo rojo atado en la cabeza, su pelo era de color castaño con unos ojos verdes, un chaleco rojo algo ajustado, una pequeña falda, unos zapatos rojos y negros y llevaba una mochila amarilla. En ese momento me
 dijo:
- ¿Cómo estás?

Inerion1



Capítulo primero
UNA SORPRESA ESPERADA

Era un sábado de invierno, diciembre de 2006 para ser más exactos. Yo, Alberto, un chaval de 15 años adicto a las videoconsolas y a las historias de monstruos y espíritus estaba en el salón de mi casa sentado en el sofá frente a la televisión viendo “American Dragon” cuando escuché algo sobre una sobrina y esperé mientras mi madre charlaba con la vecina (Mercedes), yo estuve jugando con la videoconsola al “Zelda the wind waker” un juego de Game Cube que trata de un niño elfo rubio llamado Link con ropas verdes y una espada llamada “kokiri” y un escudo que te puedes reflejar en el con el nombre de escudo espejo. Este elfo va en busca de su hermana que la ha capturado un gigantesco pájaro que esta gobernado por un malvado emperador de la oscuridad llamado “Ganon”, tal, que hay que rescatarla y derrotar al emperador Ganon.
Después de jugar un buen rato al juego entró mi madre corriendo con prisa para planchar, recoger y tender toda la ropa que tenía, pero con tanto charlar se le había dado las uvas y susurré: - tú te la has buscado. Y me pegó un gran “coscorrón y me dijo: -vamos, espabila y ayúdame a recoger la ropa. No me pude quejar porque si no….
Mientras recogía la ropa le pregunté que era lo que le había dicho la Mercedes y me respondió:
-¿Lo de su sobrina?
-si
- Que por lo visto en casa de la Mercedes va a llegar una sobrina suya a pasar los reyes
- ¿Cuándo vendrá?
- Seguramente el lunes o el martes
- ¿Y sabes como se llama?
- Creo que Yuchiko.
Después de recoger la ropa, cogí mi bici para ir a la casa de mi amigo Iván y de repente escuché detrás de mí un ruido extraño como el rugido de un dragón y cuando me volví no vi nada ni a nadie y pensé que me lo había imaginado. Me subí a la bici y me dirigí a mi destino sin demora pero a la mitad del camino en mi antiguo colegio vi a mí otro camarada, Manolo. Es un chaval de 15 años más bien grande y alto aunque es un poquito “loco” por las tonterías y churretes que se pone a decir y como me escuchase seguro que con los dos dedos de su mano derecha me rompe las costillas, es bruto y morenillo, se cree el mejor y que no hay ningún ser superior a él. Manolo vino hacia mí y por poco salgo corriendo como un galgo y me dijo:
-¡que pasa contigo, porque huyes de mí!
- Es…queeeee
- De esque nada chavalote, ¿a dónde vas?
- A... a casa de Iván.
 Se encorajó tanto que tuve que salir “pitando” de allí porque por poco me hace un cardenal y gritó: - ¡ya te cogeré el lunes! Procuré no mirar hacia atrás por miedo.
Cuando ya casi veía la casa de Iván, un chaval de 15 años con cresta y adicto a las videoconsolas igual que yo sentí otra vez la sensación de un dragón detrás de mí, me volví y no vi nada. Llegué a la casa de Iván y cuando entré nos pusimos a jugar al juego “Zelda ocarina of time” de la Nintendo 64. Aquel juego era otra aventura del elfo Link. Pero esa partida que yo jugué contra un jefe de una mazmorra que tenía que derrotar era distinta a las otras veces que le había derrotado, cuando le vencí se puso a hablarme en español (raro, porque el juego era únicamente en inglés), aquel dragón rojo como el mismo fuego y largo como un rascacielos me dijo:
-    Alberto (el nombre que le puse al elfo Link) no te asustes de mí, necesito saber si estás preparado o no para el gran reto, ¿quieres continuar?
Yo contesté que sí, mi amigo me dijo: - ¡como te cargues el juego te enteras!-contestó con cara de pocos amigos. Y le respondí: -tranqui, individuo.                                                                                                                                           
Después de responder al dragón se puso a volar alrededor de mí y mi traje (que en ese momento era rojo para resistir las altas temperaturas) se transformó en una espléndida armadura rojiza tan dura que ni siquiera la misma lava puede derretirlo. El dragón había desaparecido y dejó una nota en español que decía:

Darmani me ha dicho que vuelvas a tu casa y pongas el juego Zelda Wind Waker y que empieces una nueva partida y que introduzcas el nombre de AIMRHMD y el resto ya lo sabrás en su debido tiempo hasta entonces corre y no mires atrás.                                                                                                                                                           

En ese mismo momento la Nintendo se apagó y en el televisor se bloqueó pero cuando lo miré determinadamente se veía la imagen de un demonio, Ganondorf.     
Después de aquello mi amigo se encorajó tanto que tuve que pedirle perdón y salir corriendo de allí, en ese momento pensé en el día que estaba pasando, raro pero emocionante. Cuando pasé por el colegio me topé con el gran Manolo, no solo por la altura sino también por su “superioridad” como un ser mejorado a los demás, se me acercó y me dijo: - JE, JE, JE, te dije que te cogería, ¿te creías que escaparías de mí?- me dijo con voz ronca. Yo me quedé pálido, era como si hubiese visto un fantasma y no pude reaccionar y decirle una excusa que con la rapidez de un rayo me dio con los dedos en las costillas y me dolió como si me pegaran con una caña de madera y no pude evitar dar un grito desesperado y salí pedaleando con destino a mi refugio, o sea, mi casa pero cuanto más pedaleara más rápido iba él , y de repente me salvó alguien al que yo lo llamo “eso”, el entrenador del equipo del Manolo, Mochi, una gran masa de grasa sin exagerar que no cabría por una puerta de 2 metros de ancho. El Manolo se tuvo que detener porque el Mochi se le puso a dar caricias (que en verdad es una tortura para el pobre equipo) y pude escapar.
Llegué a mi casa y nada más entrar encendí la Game Cube y puse el juego que me dijo el dragón, el Zelda Wind Waker. Algo raro ocurrió, la Cube estaba encendida pero el televisor estaba bloqueado pero esta vez no me volví atrás pero de repente me volvió la sensación del olor de dragón y el aspecto espectral y demoníaco de Ganondorf me hizo pasar frío y miedo pero a la vez emoción y suspense, todo a mi alrededor se volvió oscuro menos el televisor y la consola. Mi ropa se transformó en las ropas del elfo, en ropas verdes como la hierba y cómodas como el aire, en mi espalda llevaba una espada y un escudo espejo pero no podía cogerlos porque mis manos no se podían despegar del mando de control de la Cube. De repente la pantalla se enciende y aparece el gran dragón rojo que me dice:
- ¿preparado?
- como ya te dije, pues claro- conteste con firmeza y claramente.
- pues tendrás que luchar contra Ganondorf y vencerle en un duelo de catanas- me sonrió como si ya hubiera ganado.
- pero… si yo no sé usar catanas- le contesté con dudas.
- tranquilo hijo, ¿sabes jugar al juego?
- si, soy uno de los mejores- le dije con algo de miedo en la cara.
- JE, si, vale, pues tú coge el mando y gana, ¡ADELANTE!
No tuve elección todo me daba vueltas y tenía un mareo y fatiga enorme, pero de repente ante mi apareció el general de las tinieblas, el gran ¡Ganondorf!
- hola muchacho- me dijo riéndose
- hola, ¿empezamos?- le contesté también riéndome
- estos jóvenes siempre con prisas ¿un calentamiento?- me miró y sacó unas buenas catanas afiladas y resplandecientes.
Y yo, sin más demora pulsé el botón B y desvainé mis catanas y comenzó el entrenamiento.                                                                                           


Índice de historias cortas



Inerion 


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Cálida ternura (inconcluso)