Mi hermano, mi mujer y yo nos encontrabamos en un lugar extraño donde debíamos pasar la noche
extrañamente nos separaron y junto a una gran multitud de gente nos dieron unos papelitos
con un núm, cuando me di cuenta nos había separado, mi pobre hermano era demasiado pequeño
y temía por su salud, pregunté a uno de los representantes de aquel lugar y me mostraron
los rostros de mi familia...extraños gestos de felicidad como si estuvieran poseídos.
En efecto, aquello era una secta, millones de gente se acumulaban en los pasillos y asistian
a las actividades que tenía preparada el jefe que manejaba el cotarro. En las habitaciones
sentia una extraña fuerza que me doblegaba a seguir sus pasos pero al final pude resistirme.
tenia que encontrar a mi mujer y hermano. Me uní a un pequeño grupo que sentía lo mismo que yo
pero con pequeñas diferencias; aun eran victimas de la posesión del lugar en algunas ocasiones.
Al fin pude reecontrarme con mi mujer, la alegría me invadía pero ella no me recordaba hasta
que en un momento nuestras miradas se cruzaron y ella corrió para abrazarme.
Juntos de nuevo y a falta de encontrar a mi hermano. Seguiamos engañando al sistema, por la
mañana entramos en una sala para desayunar. Nos pusieron el fondo de un vaso de leche y
exhuberantes platos de postres tales como flanes, etc. Una vez hube terminado me levanté y
me diriguí al pasillo, fuera del alcance del magnetismo del jefe de la secta que pululaba
en aquella habitacion. juntos de nuevo, conseguimos huir y mientras mi mujer conducía nos
diriguimos a nuestro barrio y allí encontramos nuestro pequeño garaje y al fondo la puerta
azul de nuestra casa. Sospechando de las actuaciones de los integrantes de nuestro grupo,
no bajé la guardia ni un minuto. Bajé del coche y me diriguí a nuestra casa con el fin
de encontrar algo en aquel desertico vecindario.
domingo, 5 de octubre de 2014
sábado, 23 de agosto de 2014
Crónicas de un sueño 6
Todo comenzó con la tiranía de un dios, un dios que lideraba un ejercito que destruía todo a su paso. Yo vivía en un pequeño pueblo rural medio devastado y desértico. Apenas quedabamos unos pocos habitantes. La guerra había llegado a nuestras tierras y nos defendíamos como podíamos, algunas veces escondiéndonos y otras luchando en vano. Siempre me había hallado junto a una chica, desde el principio de nuestras vidas. Ella siempre se dedicaba a cuidarme, mostrando una mayor madurez puesto que teníamos la misma edad. Un anciano guerrero del pueblo tomó riendas en la guerra y con valentía se marchó al frente.
A los días, cuando me encontraba solo, deambulando por el pueblo de madrugada volvió el guerrero. El anciano entre lágrimas me abrazó y tartamudeó algunas frases que no entendí. Cuando pudo tranquilizarse un poco comprendí su llegada. Había matado al dios y derrotado al ejército aunque sabía que la guerra no había acabado, solo era un hiatus. El ejercito volvería a reagruparse y una vez supiera quien fue el asesino de ese dios marcharían en su búsqueda, donde también hay que sumar que el dios volvería a la vida en algún momento. También surgió el descendimiento de jesucristo que me eligió como el nuevo mesías para continuar la guerra y darle un punto final. Nuestro dios, con aspecto vagabundo se instaló en mi casa donde solamente hospedábamos la chica de mi infancia y yo. La chica se dedicada a enseñarme lo que desconocía a diario. Apreciaba enormemente su dedicación, sin ella yo no podría salir adelante.
Durante ese tiempo fui preparando lo necesario para el viaje si se daba el caso de un ataque sorpresa. Tenia la montura y el macuto listos para poneserlo a mi caballo y cabalgar lejos del pueblo sin olvidarme por supuesto de la joven que cuidaba de mi. La chica me estuvo enseñando esgrima, practicábamos a diario y fui volviéndome cada vez mas diestro en ello. Nuestro dios también me enseñó en una ocasión sus dotes con la lanza y escudo así como el uso de la magia de recuperación y como debía contrarrestarla. Los días pasaron y nuestro dios cada vez se parecía mas a un simple borracho de carretera. Empecé a dudar de él aunque su habilidad para recomponer cristales y meterse en mi mente eran unas habilidades inescrutables.
Una noche, hablándome por telepatía me hizo oler un extraño frasquito. Nada mas olerlo sentí como mi cuerpo ardía y se sentía extraño. si, era un extracto afrodisíaco fuertisimo. Esa noche me pesaron las preocupaciones y fui directo entre sollozos a la cama de la chica y me acurruqué en su regazo. Su calidez me transmitía tranquilidad, me encantaba estar junto a ella pero aunque nuestros sentimientos se encontraban al unísono, ella sentía un rechazo que no comprendía gritándome "No entiendes nada!". No recuerdo bien los siguientes días pero pasó un tiempo y fui volviéndome cada vez mas en el sucesor del mesías, preparado para la guerra inminente. Juntos a unos chavales, me encontraba caminando por una ciudad en proceso de reconstrucción, destruida debido al ejercito agresor. Allí observaba como la chica iba acompañada de otro chico, muy acaramelados. ¿Que había pasado para que se olvidase de mi? Sentía unos enormes celos y la angustia me consumía. Pero comprendía que no podíamos estar juntos a causa del deber que me fue encomendado, No nos dirigimos la palabra en toda la noche, es más, ella prácticamente iba aislada del grupo junto a su acompañante. Recuerdo perfectamente como el chico sobresalía en tamaño a ella e iba pegado a su pequeña espalda. No podía apartar la vista de ella y sentirme mal por no haber aprovechado todo el tiempo que pude en el pueblo, me sentía que aquellos tiempos habían quedado muy atrás lo que me produjo un amargo sabor de boca.
Bajamos por unas escaleras cubiertas con una bóveda de medio cañón que nos llevaba al extremo de la ciudad. El suelo de piedra se acababa y daba paso a una playa. Allí algo saltó en mi cabeza "me gusta, no quiero abandonarla" y decidí hablarle pese a que ella me estuvo ignorando todo el tiempo.
No tardamos mucho en volver a como eramos al principio. Me cosqué que su acompañante no resultaba ser muy de fiar, diría incluso que su cara era de un maleante. Grande, tochado y con cara de asesino. Alli hablamos ella y yo bajo la luz de la luna. Recuerdo cierta escena donde el maleante estaba hablando en un grupo apartado a nosotros y volvía para pedirle el número de teléfono a ella, ella se negó y sin entenderlo chocaron sus manos en son de amistad.
Ahora éramos nosotros los que nos habíamos aislado y decidí que no volvería a abandonar esos sentimientos por ella. No volvería a dejarla sola nunca mas. Su rostro y sus conversaciones conmigo volvían a transmitirme aquella tranquilidad que necesitaba. Y así fue como terminó el miedo que me apresaba de perderla.
sábado, 2 de agosto de 2014
Inerion14
Capítulo 14
Rememorando acontecimientos
Parecía que habían pasado
años desde que llegué a la ciudad principal, aunque realmente fueron solo un
par de semanas. Los entrenamientos de Mashuo para perfeccionar mi esgrima iban
dando sus frutos pero de manera muy mesurada. Las gallinas dieron su singular
canto mañanero con el fin de que pudiera despegarme de las sábanas. Desde la
ventana acometieron los primeros rayos de sol que fueron a parar directamente a
mi rostro. El malestar que causaba la claridad de la mañana hizo que me
levantara a desgana de mi muñido catre. Sentado sobre la cama abrí la ventana
que daba la bienvenida a un nuevo día; y con él, todo un sinfín de
acontecimientos en las calles que comprendían el exterior. Nos alojábamos en un
humilde hostal donde Mashuo me obligaba hacer recados a los dueños con la
excusa de que forma parte de mi formación, palabras que me entran por un oído y
me salen por el otro. Ashley se ocupa de las labores del hogar con el fin de
menguar las tasas que nos piden por alojarnos aquí. He de añadir que ella está
increíblemente mona cuando se pone un delantal, dan ganas de comérsela con
patatas.
Maldito Mashuo, que suerte tienes
de tener a semejante belleza comiendo de tus manos.
Una vez ataviado con las ropas que me
regalaron, bajé a la cocina que se situaba en la primera planta para desayunar
un vaso de leche y una tostada con una crema de un tipo de fruta que desconocía
pero que me supo a fresa.
-Mañana por fin es el gran día, Al!-Me animó con una sonrisa la preciosa
Ashley mientras me preparaba un pequeño trozo de pan con carne para el descanso
de los entrenamientos.
-Gracias Ashley, solo espero poder dar un merecido combate aunque no
consiga el primer puesto- Le contesté algo decaído. No tenía ninguna
posibilidad de ganar ni un solo asalto con las habilidades que poseía en estos
momentos así que mi única alternativa era demostrar un buen espectáculo.
Una vez hube terminado de
comer, cogí mi Katana, me despedí y salí pitando del hostal cruzando las
bulliciosas calles. El ambiente era cargado pero al vivir en un entorno
medieval se podía respirar una peculiar fragancia. Mientras me encaminaba a una
pequeña pradera en los límites de la muralla de la ciudad, lugar donde me
tendría que encontrar con Mashuo para las prácticas matutinas, tuve algunos
flashbacks de lo que había vivido desde que conocí a la desaparecida Yuchiko.
Aquel rostro angelical que impregnaba mi mente a todas horas hacia arder mi
sangre, sus labios emitían siempre una voz musical que acariciaban mis tímpanos
como cánticos de gloria. Sus increíbles ojos azules me recordaban a un
apaciguado océano. Su figura; piel tersa y suave, estremecía mi cuerpo
consiguiendo entrecortar mi respiración. Su cabello castaño ondeaba el viento dejando
un agradable dulce olor. En definitiva, amaba a esa mujer con toda mi alma,
aunque admito que apenas la conocía.
Y tan apenas si desconocía todo
sobre ella exceptuando su nombre. Situación que me hace sentir como un
auténtico inútil.
Recuerdo aquella primera vez que la vi, fue un encuentro esperado dado que
me había percatado por mi familia y mis vecinos que su llegaba era próxima,
pero a pesar de ello, nadie quita que me sorprendiera al verla, quedé prendado
de su belleza. Intenté que conociera un poco mi pueblo rural pero hubo algunos
contratiempos como el secuestro exprés de Yuchiko por un grupo de maleantes
liderados por un individuo conocido por su zona como Jesulito. Después de
aquello nada volvió a ser igual, empecé a notar algo extraño en Yuchiko,
conceptos que ahora puedo comprender con mayor claridad puesto que si en aquel
momento me hubiese hablado de Inerion lo habría tomado como una broma.
Pensándolo ahora, me doy cuenta que los hechos que conocía de su familia no
podían ser ciertos. ¿Y entonces, quien es su familia en realidad y si fuera una
mentira, significaría que mi vecina también es habitante de este mundo? Supongo
que intentar pensarlo por mi cuenta no me ayudará a despejar ninguna ecuación.
De momento me centraré en el
torneo y una vez haya encontrado a Yuchiko le preguntaré todas mis dudas.
martes, 15 de julio de 2014
Inerion13
Capítulo 13
Conflicto
Por fin, después de dos horas de salir del pueblo por fin llegamos a la
ciudad principal, la ciudad en la que se encuentra la reina Alshajara; la que
debe proporcionarme mi nuevo nombre y de paso responderme algunas preguntillas.
Allí estaba yo, frente a un gran portón de madera que daba paso a la
ciudad.
- ¿y ahora qué, Mashuo?- pregunté
- pues comunicar nuestra llegada
- estarás contento, ¿no, Alberto?- me preguntó Ashley
- si- contesté
Tras un rato de espera apareció un soldado que debía ser el guardia…
- ¡quién va!- gritó
- Mashuo, general de la guardia de la reina Alshajara- contestó
-¡¿general?!- me sorprendí.
El guardia sin responded abrió el portón y entramos en la ciudad. Las
calles estaban a rebosar de
gente; niños jugando en callejones, tenderos
vendiendo sus mercancías, señoras mayores cotilleando…todo lo que se puede
encontrar en ciudades, la verdad es que me esperaba otras cosas porque esta
ciudad era exactamente como las son en mi dimensión; con sus tiendas, bares,
pescaderías…todo. Nos adentramos hasta llegar a la calle mayor donde nos
detuvimos.
- ¿Qué te ha parecido la ciudad?- me preguntó Mashuo
- pues… la verdad es que es como las de mi dimensión- contesté
- ¿de verdad?-se preguntó
- un momento, ¡¿eres un general de yo se qué más?!- le pregunté
- ¿no se lo habías dicho?- le preguntó Ashley.
Pero un inesperado suceso nos interrumpió y sin saber de donde la reina
Alshajara apareció para darnos la bienvenida…
- valla, general ¿quién es ese muchacho?- le preguntó la reina
- es mi discípulo, su majestad. Está aquí por lo que usted ya conoce-
respondió
- sí, lo sé, viene a presentarse al campeonato por el honor a llevar un
nombre de ésta, nuestra dimensión
- exactamente, su majestad
- pues no me defraudes mozuelo- dijo dirigiéndose a mí.
Y acto seguido desapareció sin dejar
el menor rastro. Como pude observar, si esa era la reina, era una señora de
avanzada edad, nariz gruesa, estatura pequeña e iba vestida con un camisón
negro como si fuera de luto…
- disculpa Mashuo, esto… ¿y vuestro rey?- pregunté
- pues murió hace un año aproximadamente
- ¿por qué?
- por motivos familiares, cuando nuestra princesa decidió renunciar al
trono, nuestro rey cayó en una profunda depresión.
Inerion12
Capítulo 12
La verdad por delante
Cuando me desperté me encontraba en una habitación acostado en una cama,
pude observar que era de día porque en la ventana entraban unos rayos de sol.
Me senté sobre la cama y observé que tenía vendas en el costado y en el brazo
izquierdo, no llevaba puesta mi camisa, doloroso me acerqué al borde y no
encontraba mis zapatos, a mi alrededor solo encontré el saco de viaje de Mashuo
por lo que me imaginé que no se encontraba muy lejos. Intenté levantarme pero
mis piernas no me respondían así que me
volví a acostar. Pasado cierto tiempo
ví entrar a Ashley que al verme despierto me dirigió una sonrisa…
- ¿cómo estás?- me preguntó
- algo cansado- contesté mientras me apretaba las vendas
- tranquilo, descansa, Mashuo ha ido a comprarte ropa más cómoda
- ¿y la mía?- pregunté buscándola
- estaba demasiada gastada, además, llamarías mucho la atención con ropas
de la otra dimensión- contestó muy segura.
Tras aquello hubo un par de minutos de silencio hasta que vi entrar a
Mashuo por la puerta con una
caja de cartón en las manos que con un rápido
movimiento la depositó en la cama.
- veo que ya estás mejor- se alegró Mashuo- venga, pruébate la ropa.
No tuve mas remedio que probármelas aunque casi no me podía levantar por
las heridas pero una vez puestas comprobé que Ashley no se equivocaba, las
prendas que llevaba eran comodísimas, ligeras y
de una buena tela o al menos
eso parecía.
La camisa de mangas cortas interior era roja con un símbolo azul en el
centro de una espada y en la espalda una letra también azul en la escritura de
esta dimensión que era diferente al español, Mashuo
me dijo que significaba
“valor, coraje o furia”. El pantalón era de color negro con dos bolsillos
laterales y por la rodilla tenía una línea gruesa de color rojo. Los zapatos de
deporte iban a juego con el resto,
eran rojos y por los extremos de color negro
y por último y más representativo de mi nuevo equipamiento era la cazadora negra,
tenía en la espalda un símbolo rojo en el centro de un ala de murciélago y por
los codos unas líneas gruesas rojas.
- te quedan fenomenal- confirmó Mashuo
- Je, me han encantado, te lo juro- contesté emocionado
- está atardeciendo, será mejor que bajemos a cenar- dijo Ashley
- un momento, todavía no se donde me encuentro- pregunté
- estás en un pueblo al este del bosque de los cien espíritus- contestó Ashley
- ¿aquel bosque en el que…?
- sí, aquel en el que te enfrentaste con Iván- me interrumpió Mashuo.
Tras aquellas preguntas pudimos escuchar un grito de alguien del piso
inferior que nos reclamaba en la mesa para cenar y sin más dilación bajamos
para degustarlas.
Cuando bajamos el propietario del hotel en el que me encontraba me saludó
preguntándome por mi
salud a la que yo contesté con un…
- bien, gracias.
Me senté en el lado izquierdo de la mesa esperando a que me trajeran la
comida pero mientras, en la espera…
- Alberto, después tenemos que hablar de algo en privado- me dijo Mashuo
seriamente
- ¿de qué?- pregunté
- tranquilo, ya hablaremos en su debido momento
¡¿Y mi katana!?- grité acordándome
- está arriba, detrás del saco de Mashuo- contestó Ashley.
Antes de poder decir nada más, el propietario nos trajo la cena la cuál
tenía un aspecto raro para mí, aunque parece que en esta dimensión las
apariencias engañan; la probé y no me equivocaba, estaba deliciosa.
- ¿te gusta?- me preguntó el propietario como si supiera que yo era de otra
dimensión
- ¡está buenísima!- le contesté degustándola
- pues come despacio que te vas a atragantar- me advirtió el propietario-
¡AH!, son cuatrocientas monedas de oro- le dijo dirigiéndose a Mashuo
- ¿monedas de oro, no tenéis euros ni pesetas ni siquiera guiles?-
interrumpí
- ¿euros, pesetas? No conozco ninguna de esas monedas.
Yo fui el último en terminar de cenar y una vez reposado del banquete
Ashley y Mashuo me dirigieron una mirada y…
- Alberto, ya va siendo hora de hablar de cosas más serias, venga ven conmigo
fuera- dijo Mashuo levantándose de la mesa.
Me quedé mirándole sin decirle nada, temía malas noticias así que, cogí
aire y le seguí.
Una vez fuera de la posada contemplé el cielo estrellado que era
exactamente igual que el de mi dimensión y a un par de metros vi a Mashuo de
espaldas a mí…
- Alberto, quiero que sepas que ya se te ha ido el olor a sangre roja- dijo
seriamente Mashuo
- pues… bien, ¿no?- contesté asustado
- dentro de un par de días, tres como mucho llegaremos a la ciudad
principal, pero hay algo que no te
he contado
- ¿el qué?
- que para pertenecer definitivamente a esta dimensión te conté que
necesitabas que la reina te
cambiase el nombre, ¿lo recuerdas?
- sí
- pues hay algo más, para que la reina acepte cambiarte el nombre necesitas
pasar cierta prueba-contestó Mashuo en el mismo tono que al principio
-¿…cuál?- pregunté intimidado
- necesitas ganar un torneo de gladiadores
- ¿¡QUÉ!?- grité sabiendo que no tenía ninguna posibilidad- ¿y… que sucede
si pierdo?
- eso depende de la reina, si le gustara la actuación te dejaría con vida
pero si no… te decapitaría con la mirada
- ¡¿tanto poder tiene esa reina!?
- más de lo que te puedes imaginar.
Tras aquella charla hubo un momento de silencio el cuál pensé en las
consecuencias que acarreaba la situación en la que me encontraba pero no tardé
mucho en decidirme y dije en voz alta…
- ¡tranquilo Mashuo, no hace falta que te preocupes por mí, te vuelvo a
repetir que hice una promesa a una amiga la cual no pienso defraudar, juro que
entrenaré duro y ganaré ese campeonato cueste lo que cueste!- contesté terminando
con una sonrisa
- Ja, me sorprendes, pues si te lo tomas así, nada mas llegar a la ciudad
empezaremos tu entrenamiento- dijo Mashuo volviendo a la posada- por cierto…
espero que consigas encontrar a tu amada
- ¿¡qué, amada, pero…pero si solo es una amiga!?- tartamudeé sonrojado
- vale, vale.
Nada mas entrar Mashuo en la posada y quedándome solo a la luz de las
estrellas pensé nuevamente donde podría encontrarse Yuchiko en estos momentos y
me dirigí directo a la cama.
A la mañana siguiente, nada más salir el sol, Ashley me despertó para
continuar nuestra travesía y una vez preparados y listos para seguir el viaje
el posadero me despidió con un regalo que resultaron ser unos brazaletes los
cuales como me explicó duplicaban el poder ofensivo de quien los llevaba
puestos. Me
los puse, se lo agradecí y seguimos nuestro viaje hacia la ciudad
principal.
Pasaron un par de horas de viaje, Ashley estaba montada en el ciervo azul y
Mashuo llevaba las riendas y yo en cambio me situaba atrás sujetando con la
mano derecha mi katana hasta que me sugirió Mashuo…
- ¿por qué no te colocas la katana en la espalda?
- ¿con qué?- pregunté
- toma esto- dijo regalándome una correa.
Nada más colocármela en la espalda me sentí mas aliviado, ya no tenía que
sujetarla en las manos y si por algún casual nos atacaran la desenvainaría
fácilmente.
- oye, Mashuo, ¿por qué me ayudas?- pregunté
- tiene que ser el destino
- ¿el destino?
- el destino ha decidido que nos encontráramos para yo enseñarte el arte de
la espada
- esto… ¿Cuál será mi entrenamiento? – pregunté
- ya lo verás- terminó Mashuo.
Después de aquello pude contemplar a lo lejos una ciudad rodeada por una
gran muralla…
- ahí está muchacho, la ciudad principal- dijo Mashuo.
Tras esas supuestas palabras me adelanté para verla más de cerca pero pude
notar algo escalofriante
justo detrás de mí, me volví y una extraña silueta
encapuchada se acercó a mí y me dijo…
- toma, coge este amuleto- dijo mientras depositaba en mis manos un amuleto
redondo con un diamante rojo en el centro
- ¿Qué es, para mí?- pregunté, pero fue demasiado tarde, ya se había
marchado.
Estuve inmóvil hasta que llegaron Mashuo y Ashley…
- ¿Qué te pasa Alberto?- preguntó Mashuo
- nada- contesté ocultando el amuleto y la aparición.
Y proseguimos nuestro viaje.
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